Despedida

Montaña que amas las raíces de los árboles desnudos,

ellas me curan con la vejez de sus ramas al viento,

mientras su salitre empapa mi rostro.

 

Veo llegar el cielo,

en su espejo oscuro que se ondula,

a las mismas costas donde yo nací.

 

Ahí  hoy miro

y despido a quien amo,

despido a quien nos ama.

 

Recuerdo tus palabras de respeto al horizonte marino,

hoy y mañana,

los compartiré con Luna.

 

Eres la fuerza de la tarde

que regresa en la marea y nos empapa.

Lejos en lo alto aún mojas mis ojos,

y eso es bueno.

 

Arrollos corren en invierno en mi Isla,

nunca más que hoy llevan mi corazón,

ese llanto es dulce y es historia.

 

La riqueza de la edad junto al Tabaco,

enseñan al hombre a no sufrir

y estropear el Gran Sentir en esta corta vida.

 

De la fuerza que nacimos,

regresaremos en paz.

Nada habrá cambiado.

 

Y entre el cielo y la tierra,

no dolerá una composición resistente

que sangra bajo hojas mojadas.

 

Gran Perfección que vives en nosotros,

dibujas el mundo a tu riqueza y semejanza

como una emanación del más hermoso cristal.

 

Templa nuestros corazones

en las frescas brisas del aliento de nuestros abuelos,

en el brillante sol de la presencia de los que hoy no están.

 

Como hombre me siento

y medito en la montaña para ver mejor,

cerca del águila blanca levanto poco a poco mi cabeza al azul.

 

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