Arutam y la fuerza

Arutam es un cristal perfecto que contiene la existencia entera en un solo Gran Sentir. Es la inteligencia perfecta detrás del mundo que vemos, eternamente emanante de su propia gracia. Es la armonía que mantiene la sagrada perfección intacta, haciéndola inmortal y eternamente venerable, a un paso del tiempo que la dignifica y descubre nuevos milagros inagotablemente.

Ese sagrado cristal es una paz templada en la insipidez más calma y rica. Toda ansia se ridiculiza a sí misma ante el infinito sentir, cual contiene todo sentimiento en sus crepúsculos más ínfimos y apogeos más esplendorosos, en la chispa de un instante.

El hombre que en ese trance se entrega, descansa en la plenitud. Y en la inteligencia natural que siempre ha sido, comprende el pasado y lo abandona en compasión, respirando libre Arutam en ese único instante que canta, en el océano eterno del Gran Sentimiento.

Cielos que lloran y mojan la tierra dulce, despiertan un chasquido escondido en un rincón entre la tierra, piedra y árboles. Una parte del sentir de Arutam, impreso en alguna hoja verde, recordará al hombre algún matiz de la riqueza de su sentir verdadero. Recordando la Vida las personas sanan, recordando de dónde naciste, dejas de herir el mundo. Lentamente reflexiono, como la compasión es la consecuencia natural de la fuerza.

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Despedida

Montaña que amas las raíces de los árboles desnudos,

ellas me curan con la vejez de sus ramas al viento,

mientras su salitre empapa mi rostro.

 

Veo llegar el cielo,

en su espejo oscuro que se ondula,

a las mismas costas donde yo nací.

 

Ahí  hoy miro

y despido a quien amo,

despido a quien nos ama.

 

Recuerdo tus palabras de respeto al horizonte marino,

hoy y mañana,

los compartiré con Luna.

 

Eres la fuerza de la tarde

que regresa en la marea y nos empapa.

Lejos en lo alto aún mojas mis ojos,

y eso es bueno.

 

Arrollos corren en invierno en mi Isla,

nunca más que hoy llevan mi corazón,

ese llanto es dulce y es historia.

 

La riqueza de la edad junto al Tabaco,

enseñan al hombre a no sufrir

y estropear el Gran Sentir en esta corta vida.

 

De la fuerza que nacimos,

regresaremos en paz.

Nada habrá cambiado.

 

Y entre el cielo y la tierra,

no dolerá una composición resistente

que sangra bajo hojas mojadas.

 

Gran Perfección que vives en nosotros,

dibujas el mundo a tu riqueza y semejanza

como una emanación del más hermoso cristal.

 

Templa nuestros corazones

en las frescas brisas del aliento de nuestros abuelos,

en el brillante sol de la presencia de los que hoy no están.

 

Como hombre me siento

y medito en la montaña para ver mejor,

cerca del águila blanca levanto poco a poco mi cabeza al azul.

 

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Palabras a Arutam Ruymán, Buenos Aires 2017.

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Unas palabras de afecto a Arutam Ruymán, nacidas en las ceremonias de fin de año en Buenos Aires. Por Mauricio Auvet:

 

En la última estocada del tiempo,

en el punto exacto donde duelen los sueños,

con el alma llena de pesares y amarguras,

las heridas laten escuchando tu canto.

 

Tú que aprendiste el saber de los antiguos;

Tú que has sido bendecido por el Gran Espíritu,

ayúdame a recordar.

Tú  que cuidas y trasmites el tacto sagrado,

rescátame de la oscuridad.

 

Tu canto recuerda el mundo;

tu arte desata el tiempo entre sonidos y presagios;

mi corazón escucha

la muerte y la vida,

el miedo y el amor,

transformando penas, curando heridas.

 

Tú, Uwishin,

revelas el gran secreto.

La medicina trabaja en mi cuerpo,

embriagado,

vuelo con alas de ternura

abandonando la razón para entender.

 

Mi alma vibra sanando mi cuerpo;

el olor a incienso cae

sobre la vaguedad de los cuerpos tendidos en trance.

Soy parte del todo,

se deshace el ego.

 

Muere la noche y nace el día.

Caen las sombras y despierta el guerrero.

La belleza se desvela bajo el encanto de tu dulce flauta,

el sonido del viento florece mi alma.

 

De tu mano recibo al abuelo Tabaco,

amanezco desbordado de lozanía.

Bebo la sangre de Arutam,

¡oh Gran Maestro!

enséñame tu sabiduría

 

Honro esta maravillosa experiencia con profunda solemnidad;

con respeto y amor cuido el sentir.

Infinita es la gratitud

hacia tu voluntad, a tu trabajo.

Gracias por la ceremonia,

gracias por enseñarme a ser Humano.

 

 

Sagrado sentir del Tabaco

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Sagrado sentir

que te dibujas a ti mismo en la hoja del Tabaco.

Conmueves la noche para hacerla llorar

en las oscuras gotas de mi cuenco de barro.

Lágrimas húmedas que arden...

Tal y como la noche más profunda y helada,

regresa en la tibia luz y canto,

la profunda negrura de tu lamento mojado

prende el Espíritu del hombre que te respira.

 

Qué fortuna sostener el mundo en mi mano.

Noche negra que respira y silba titilante

en la orilla del río murmurante.

Te escurres en las lágrimas negras de la anaconda,

cuales mis a abuelos aprendieron a recoger

y llevar su contenido... al corazón.

Ellos pudieron así recordar, pudieron entender...

Tan sólo sintiéndote,

les acarició la brisa del instinto

y la noche gimió mientras la piel de la pantera

se levanta gritando,

dejando asomar la punta brillante

de sus garras de plata estrella.

 

Oh Arutam!

Tu presencia sagrada habita en todas las cosas,

eres la luz, eres el agua y eres la tierra.

Tu delicioso sentir es el cristal de la Perfección

eternamente embebido de su propia gracia.

Ese sentir todo contiene,

palpitando en nuestro corazón

y gritando en canto ancestral.

Llamada a la vida que llora en quiénes vienen

desde que abren sus ojos al mundo.

Eres la unión de los tres tiempos

en un eterno perfecto y bendito presente.

 

Siempre corres,

pero cuando te rezo con mi Tabaco,

desbordo los cauces de tu río

haciendo llorar los cielos.

Así el brujo te llora y demuestra

que La Vida está en nosotros

esperando su oportunidad para brotar;

para encantarnos en su paz y dicha perfecta;

para sanarnos.

 

Sagrado sentir,

que te dibujas a ti mismo en la hoja del Tabaco.

Conmueves la noche para hacerla llorar

en las oscuras gotas de mi cuenco de barro.

Lágrimas húmedas que arden...

Tal y como la noche más profunda y helada,

regresa en la tibia luz y canto,

la profunda negrura de tu lamento mojado

prende el Espíritu del hombre que te respira.

 

 

Con afecto

Arutam Ruymán